martes, 17 de mayo de 2011
Tropelías de guante blanco
Al director del FMI le obligan a desembarcar de un avión en Nueva York, y le estrechan el cinturón en la comisaría más metropolitana del mundo. La razón, haber mostrado su libido a una camarera de hotel y haberla mantenido en contra de su voluntad, retenida en la habitación del establecimiento en el que trabajaba, haciendo qué (...) Semanas atrás, en los informativos de varias o todas las teles del mundo, pudimos ver cómo destacados miembros de la oposición turca salían en calzoncilllos corriendo detrás de amantes de lo prohibido en habitaciones oscuras y maltrechas de hoteles de peor fario, que el del magnate del Fondo Mundial. Lo del señor Strauss sí que tiene nombre, y se lo ponen las noticias que aparecieron al compás tras el rotundo flash informativo del peor dia de su vida: era el candidato redondo, el opositor socialista más eficaz, la firme promeza para plantar cara a Sarkozy en la próxima convocatoria electoral. Antes del escándalo. Lo de grabar a los feos y ancianos politicos turcos, muy alejados del poder, se me antoja una malvada maniobra para ponerlos aún más en lo más oscuro. De nuevo el sexo lo puede todo. La guerra con sexo es más guerra. Si huele a bragas es delito. Si es amante travieso no puede ser buen gestor. Si engaña a su mujer, engañará a los franceses. Quien se acuesta con mujeres de mala vida, mal amanece, o despierta orinado. Ya saben por donde voy, es un clásico, el gatillo que se dispara para acabar con el contrario, no puede ni debe acabar en gatillazo. El sexo de nuevo es el placer, o es el final; merece ser lo más íntimo o lo íntimo más publicado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario